
Dándome una vueltecita por los post viejos, me encontré con los ejercicios que escribí para Metatextos, un proyecto en el cuál participé en dos de sus versiones.
Uno de los ejercicios, el cuál reproduzco más abajito, tiene lugar después de un apocalipsis zombie, apenas tenía dos minutos terminado cuando yo mismo le empecé a encontrar fallas y terminó sin agradarme. Ahora he cambiado de opinión y es mi preferido.
Un día más en el infierno.
Caminando, todo el día caminando.
Hace tiempo que no ve un ser humano vivo, las calles están casi desiertas, hay un cuerpo decapitado pudriéndose por aquí, uno allá y otro más adelante y cada ser con el que se topa lo ve como su comida. Lleva días sin probar bocado, la lluvia lo ha ayudado a mitigar su sed pero no es suficiente, su cuerpo maltrecho lo hace cada vez más lento, pero no se detiene, tiene que encontrar alimento, algo que sacie su hambre y su sed y que lo provea de fuerza para continuar su camino.
Cruza calles, plazas, centros comerciales y otros lugares a pesar del peligro que representan, el hambre lo hace cada vez más temerario. Entra en una tienda pero el éxito parece eludirlo, sale de ella y el ya habitual silencio es interrumpido por un grito.
En medio de la desorientación que el hambre le provoca, logra ubicar el lugar y se apresura hacia él, se tambalea y cae por el cansancio extremo, se levanta con dificultad, su cuerpo está al límite pero no puede ignorar el grito.
Llega demasiado tarde.
Los restos de una joven están esparcidos por el lugar, la carne del torso fue arrancada a mordidas, los miembros parecen haber sido roídos y la cabeza no está en el sitio.
Busca con la vista pero no hay nada ni nadie, se acerca lentamente y empieza su festín, no probará carne viva pero esos despojos lo mantendrán unos días más hasta que encuentre otra víctima… o hasta que alguien lo decapite.
Ser un muerto vivo no es fácil.
Sobra decir que el tema zombie es uno de mis preferidos desde aquella legendaria
Noche de los muertos vivientes de George A. Romero de 1968. Otro de los ejercicios consistía en escribir un relato de 300 palabras como máximo utilizando al menos nueve de una lista de 18, entre más de ellas mejor. El resultado:
Bienvenida
El reflejo lo decía todo.
Hacía unas horas que ella y su amiga habían llegado a aquél antro y se sentía la más deseada del lugar.
Alta, tez clara, cabello negro, un cuerpo espectacular y un bello cutis de niña, cuidado con cremas y demás parafernalia cosmética, la hacían irresistible para cualquiera de los naquetes en ese lugar. Estaba segura de si misma y sabía que nada, ni nadie podría empañar SU noche.
Apenas ocupó su lugar en la barra, las invitaciones, las copas gratis, las miradas lascivas y las caravanas se hicieron presentes. Varios intentaron abordarla pero rechazó cada avance, un banquero, un ejecutivo y hasta un pseudoproductor sufrieron el mismo desprecio, una mujer como ella merece mejores propuestas.
Un solitario tipo la observaba desde una esquina, en silencio y meditabundo, no perdía detalle de cada movimiento, siempre atento a cada intento de abordarla y a cada rechazo, le recordaba una libélula esquivando el ataque de los sapos en un estanque.
Ella se levantó a bailar y todas las miradas alrededor se posaron en su cuerpo, sus giros al ritmo de la música provocaron gritos, silbidos y piropos. ¡Hasta las demás chicas aquél lugar se sintieron opacadas y celosas!
Se sentía la reina del lugar, algunos la acompañaban en sus movimientos, los roces entre sus admiradores eran evidentes pero no le importaba, otros se conformaban con devorarla de lejos con la mirada, el alcohol corría y las hormonas empezaban a causar estragos.
No supo cómo inició todo.
En un momento bailaba feliz y al otro las botellas volaban por el lugar. Los educados pretendientes se volvieron animales y se lanzaron a saciar sus instintos. Vio a aquel tipo solitario, tratando en vano de ayudarla mientras ella le gritaba, inerme, que era cruelmente violada entre el zafarrancho.
Aquello acabó igual que cómo empezó.
En el lugar sólo quedaron vidrios rotos, ropa desgarrada y un hombre aplastado por la impotencia de no haber podido evitar su sufrimiento, mientras, la ambulancia volaba por las calles, fue un milagro el que no la hubiesen matado.
Cuando la atendieron los médicos de aquel hospital estaba lúcida, había dejado de gritar aunque el pánico aún dominaba su cuerpo adolorido, las lágrimas corrían por su cara destrozada y se mezclaban con la sangre, le suturaron y cubrieron las heridas y la dejaron descansar en observación.
Hizo un esfuerzo sobrehumano y se levantó de la camilla, se acercó al pequeño espejo en la vitrina del cubículo de emergencias y lloró de nuevo.
El reflejo lo decía todo: su primer noche como teibolera había sido un fracaso.
Metatextos fue el primer proyecto en el que di rienda suelta a mi afición de escribir y de hacerlo públicamente, lo mejor de tomar esa decisión fue el perder por completo el miedo a la crítica y aunque aún escribo de la fregada, me gusta más el contenido, el que sea de calidad para mi es lo único que realmente importa, claro está, siendo objetivo y mejorando al hacerlo. Volver a leer este material luego de tanto tiempo definitivamente ha puesto una sonrisa en mi boca.
Aunque sigo sin dedicarle las
horas-nalga necesarias (*^.^*)