La última vez que caminé escuchando música fue hace exactamente 15 años, iba a la vocacional con mi flamante walkman escuchando un cassette de Ángeles del Infierno.
Recuerdo que era miércoles pues pensaba comprar un cassette en un tianguis que se coloca a unos metros a espaldas de aquella escuela y además cargaba el mega libro
Análisis introductorio de circuitos para mi clase de TTE (Taller y Tecnología de Electrónica). J
a ja ja ja ja siempre me dió risa el nombre.A escasas tres cuadras de mi destino y tragando mocos por completo, un tipejo en una bicicleta se acercó y de un tirón arrancó mi walkman para enseguida darse a la fuga sin que pudiera hacer mucho por alcanzarlo, enmedio de mi ira y sentimiento de impotencia pude únicamente desear que de alguna forma, de preferencia dolorosa y traumática, los huevos se le atragantaran en la garganta y muriera asfixiado con ellos mientras un gorila lo violaba con el walkman que me había robado.
El asunto me dejó un muy mal sabor de boca y aunque mi papá no tardó mucho en comprarme otro aparatito para escuchar el ruido de mi preferencia, siempre que salía ocultaba mi preciada poseción e iba cuidando el no volver a ser sorprendido y peor aún, sin poder disfrutar de mi música predilecta en mis largas y frecuentes caminatas.
Hasta la semana pasada.
Hace tiempo que le compré a una mis primas un reproductor de mp3, nunca había tenido uno propio ya que seguía reacio a tener un aparatito de estos, este lo utilizaba siempre en espacios cerrados y en la calle prefería guardarlo en mi bolsillo.

Ese día en particular, tenía cita con Wendy mi nueva dentista, quien por cierto tiene una ayudanta que me resulta bastante
apetecible atractiva y la cual espero se convierta en mi futura ex, para una rutinaria limpieza dental, todo bien, todo tranquilito, raspa aquí y raspa allá y ya iba de regreso a mi casita... escuchando música mientras caminaba.
No había recordado el incidente arriba mencionado hasta que me detuve a comprar un vaso con rica agua de naranja, saludé a la encargada, que también es mi amiga y noté el movimiento de sus labios pero no comprendí la respuesta, fue cuando me cayó el veinte de que aún estaba usando los audífonos.
Pagué y me senté en una de las bancas del Jardín Principal que está ahí al ladito, mientras me daba topes mentales al darme cuenta de como me había privado por tantos años de uno de mis más apreciados placeres. Me recriminé durante dos minutos, me encogí de hombros y decidí seguir mi camino, de cualquier forma no me sirve de mucho el lamentarme por aquello. Lo mejor es seguir disfrutando después de tanto tiempo.
Eso si, antes de iniciar nuevamente mi caminata, levanté la vista, observé el cielo y las nubes... y volví a desear con todas mis fuerzas que el hijo de la chingada se halla asfixiado con sus propios testículos mientras le metían aquél walkman por el recto.
Perdono pero no olvido.